Libro: Siempre

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Los mails te tren sorpresas

No iba a ser el jefe por mucho tiempo más. En unos pocos días ya no estaría al frente de la sucursal que la financiera tenía en San Miguel. Lo reemplazaría el encargado de Virreyes, el que siempre se dijo su amigo, pero no le advirtió lo que pasaba porque estaba feliz con el cambio.

Seguramente ese gordo grandote llamado Sebastián nunca imaginó que se le infiltraría un destinatario no deseado al enviar ese mail cargado de chusmerios.

Todos sabían que el encargado estaba con un empleado y hablaba mal de sus compañeros. Más aún, sabían que ese mecanismo se repetía con distintos interlocutores, y ya nadie le daba importancia.

Pero esa mañana fue diferente. A Sabrina, una de las vendedoras, le brillaban los ojos de rabia después de leer el inesperado correo. “Éste se paso”, le repetía a una de sus compañeras que conocía el secreto. No podía permitir que toda la empresa se entere que era la amante del gerente. Reaccionó rápido. Y por eso el cambio de jefe.

Cuando a Sebastián lo llamaron por teléfono para avisarle que lo trasladarían también le brillaban los ojos, sentiría bronca también o quizás ganas de llorar. Sabía lo que pasaba pero no dijo nada. Abrió el cajón de su escritorio, sacó su celular, un atado de cigarrillos y caminó como tantas veces lo hacía en el día hasta la vereda. Parado afuera, de espalda a los empleados encendió su Lucky y llamó por teléfono a ese que creía su amigo y en realidad no lo era. Aquél que al otro día ocuparía su lugar, y que entonces se regocijaría en silencio.

Por Gloria Ziegler

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