Libro: Siempre

viernes, 22 de abril de 2011

Cruz

Quereme. Agustina Guerrero.

Acostados en una cama de hotel, desnudos, frente a frente –de lado- se nos pasaron las horas en silencio. Solamente nos mirábamos; hasta que la primera lágrima se dio a conocer. Abriste los ojos, sorprendido, y llevaste la mano (la que estaba detenida en mi cintura) hasta esa tristeza. Me acariciaste, me diste un beso en la mejilla y tuve que cerrar los ojos para contenerme. Abriste la conversación tratando de entender qué me pasaba. Tomé aire, te abracé fuerte y con los labios pegados a tu oído me liberé: -Creo que “no hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo”

Florencia Salvador.

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