Libro: Siempre

viernes, 21 de octubre de 2011

Frágil


Atinar. Agustina Guerrero.

Me desperté de una siesta sempiterna. Autónomo, mi cuerpo fue hasta el baño, abrió la ducha y se sentó sobre la tapa del inodoro a esperar que se calentara el agua. Y estaba ahí, desnudo, perdido entre azulejos blancos que, poco a poco, se iban empañando. Se levantó, barrió la humedad del espejo y vio una imagen deteriorada en el reflejo. Pasó casi media hora bajo el agua que acostumbrada, caía. Sin haber cumplido el digno cometido, cerró la llave y se quedó sobre sus pies. Por efecto de la gravedad, las gotas bajaron por la piel hasta perderse en la tubería. Sus pulmones, respiraban. El corazón, latía. La memoria cotidiana: todavía la tenía. 

Florencia Salvador.

No hay comentarios: